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Noticia del Blog

Mismo idioma, diferente mapa: el poder de preguntar lo que crees entender

Por qué la etiqueta "miedo" es solo la punta del iceberg y cómo evitar el conflicto constante
Fecha
22 Enero 2026
Categoría
¿Qué contiene?

¿Alguna vez te has parado a pensar en el increíble poder que tienen las palabras que usamos a diario? No hablamos solo de comunicarnos de forma convencional, sino de cómo la precisión en nuestro lenguaje puede abrir puertas o, lamentablemente, cerrar oportunidades. Para que nuestra comunicación funcione, necesitamos una coherencia total: entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que el otro realmente capta. ¿Cuántas veces has sentido que dices una cosa y el otro entiende justo lo contrario? Necesitamos utilizar las palabras de manera exacta y con precisión para que nadie nos malinterprete.

articulo oratoria práctica La razón principal de esta desconexión es que, aunque tú y yo usemos la misma palabra, es altamente probable que no estemos hablando de lo mismo. Una palabra es solo una etiqueta. Por ejemplo, cuando hablamos de "miedo", algunos lo ven como un sentimiento y otros como parálisis, bloqueo o impotencia. Si cada uno tiene una perspectiva tan diferente, ¿cómo podemos tener una conversación alineada sobre, por ejemplo, el miedo a hablar en público? Si no somos capaces de alinear lo que decimos, aunque parezca que hablamos el mismo idioma, en realidad estamos hablando idiomas diferentes porque no llegamos a la misma semántica ni a la misma experiencia.

Para evitar malentendidos, que a veces pueden ser vitales, necesitamos indagar y alinear nuestros "mapas" mentales. La palabra que usamos (la etiqueta) debe pasar por tres filtros esenciales para construir un solo mapa ampliado, no dos diferentes:

1. Significado: ¿qué significa específicamente esa palabra para ti?. Entender esta definición personal crea puentes, buscando comprender tu mapa, no cuestionar tu definición.

2. Referencia: ¿en qué momento o lugar conectas ese concepto? ¡El contexto es fundamental y lo marca absolutamente todo! ¿No es increíble cómo el entorno lo cambia todo?

3. Experiencia: ¿cuál ha sido tu vivencia personal con esa palabra? ¿Ha sido una experiencia positiva o un "desastre"?

Al alinear estos tres puentes (significado, referencia y experiencia), logramos que la comunicación vaya por buen puerto. Y ojo, porque las palabras tienen un gran peso: crean realidades y moldean quiénes somos, incluso una etiqueta negativa, como "vago", puede acompañar a una persona durante años.

Si sientes que tus conversaciones son vagas o incompletas y los resultados no son los esperados, probablemente se deba a que el lenguaje está lleno de omisiones, distorsiones y generalizaciones. Omitimos información no por mala fe, sino porque nuestro cerebro cree que lo que decimos es suficiente para que el otro entienda, lo que a menudo conduce al conflicto.

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Aquí es donde entra el Metamodelo del Lenguaje, una herramienta que viene de la Programación Neurolingüística (PNL) que busca explorar esas lagunas y errores para generar conciencia sobre el lenguaje que usamos. ¿Cómo funciona? A través de la indagación; la mejor herramienta que tenemos es preguntar, no para molestar, sino para entender y comprender.

Este modelo nos ayuda a desarmar tres escenarios comunes:

1. Generalizaciones: son esos absolutos que usamos habitualmente: siempre, nunca, nadie, todo. Si alguien dice: "En mi equipo nadie colabora", ¿podemos quedarnos solo en el nadie? Para corregir, la pregunta debe retar ese absoluto: "¿en qué situaciones específicas sientes que nadie colabora?"

2. Omisiones y palabras abstractas: ocurre cuando usamos términos vagos. Si tu compañero dice: "Necesitamos más compromiso", la palabra compromiso es abstracta. Para limpiar la omisión, pregunta por el significado exacto: "¿cuál es el tipo de compromiso que esperas obtener de esta relación, de mí para ti?"

3. Referencias vagas y distorsiones: ocurre cuando metemos a personas o datos sin especificarlos. Si alguien dice: "La gente piensa que hacemos mal las cosas", ¿quién es “la gente”? Debemos de buscar la especificidad: "¿quién piensa eso?" y "¿qué evidencias tienen?"

La diferencia entre la frase vaga inicial y el resultado final preciso (pasar de la vaguedad a saber que "Marta no me apoyó en la reunión de ayer") es abismal. ¿No crees que dedicar diez o quince minutos a estas preguntas vale mucho más que el tiempo que destinaremos luego al conflicto y a la gestión emocional? Aunque aplicar el metamodelo en tiempo real es complejo, si no cambiamos nada, todo seguirá igual. ¡Es hora de empezar a indagar para que tu comunicación sea realmente consciente!